Volkswagen y Stellantis piden un bono CO₂ para el eléctrico europeo

727 palabras4 min de lecturaPor Thomas Martin
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Los CEOs de Volkswagen y Stellantis han publicado una carta abierta conjunta para reclamar un bono CO₂ destinado a los vehículos eléctricos "Made in Europe". Esta iniciativa busca contrarrestar la competencia china y americana, después de que Donald Trump eliminara los incentivos fiscales para los coches eléctricos en Estados Unidos, provocando pérdidas de 37 mil millones de libras para los fabricantes.

"Jedes Elektrofahrzeug 'Made in Europe' sollte einen CO2-Bonus erhalten" — Oliver Blume, CEO Volkswagen, y Antonio Filosa, director general Stellantis

Una alianza inédita frente al desafío chino

Oliver Blume y Antonio Filosa han elegido hablar con una sola voz. En su tribuna publicada simultáneamente en Handelsblatt, Les Échos e Il Sole 24 Ore, los dirigentes de Volkswagen y Stellantis alertan sobre la urgencia de proteger la industria automovilística europea. Sus grupos representan juntos el 40 % del mercado europeo y emplean a millones de personas en el continente.

La situación se vuelve crítica. El automóvil europeo pesa el 8 % del PIB de la UE y da de vivir a 13 millones de personas. Sin embargo, los fabricantes locales ven cómo su cuota de mercado es mordida por competidores importados, especialmente chinos, que se benefician de costes de producción muy inferiores.

¿Qué piden concretamente los dos gigantes?

Los dos CEOs proponen un modelo de tres niveles. Primero, establecer unos "criterios de origen" estrictos que cubran la producción del vehículo, la investigación y desarrollo, los sistemas de propulsión eléctrica, las celdas de batería y los componentes electrónicos centrales. Después, crear una etiqueta "Made in Europe" para los modelos que cumplan estos requisitos. Por último, reservar el acceso a las subvenciones públicas europeas únicamente a los vehículos etiquetados.

¿Su reivindicación estrella? Un bono CO₂ automático por cada coche eléctrico producido en Europa. Esta medida buscaría compensar los sobrecostes ligados a las normas sociales y medioambientales más estrictas del continente.

nio 2026

Trump cambia las reglas en Estados Unidos

La urgencia se acentúa con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. El nuevo presidente americano ha suprimido los incentivos fiscales para la compra de vehículos eléctricos y ha anulado las normas de emisiones previstas. Según Autocar, estas decisiones ya han costado 37 mil millones de libras a los fabricantes de automóviles expuestos al mercado americano.

Este giro abre un camino libre a China, que podría aprovechar la retirada americana para reforzar su posición dominante en el eléctrico. Las marcas chinas como NIO invierten masivamente en Europa y ofrecen tecnologías punta a precios agresivos.

Europa, atrapada en un dilema

El contexto geopolítico complica la situación. La Unión Europea desarrolla su política "Buy European" para reducir su dependencia respecto a China y Estados Unidos. El comisario europeo de industria Stéphane Séjourné debe presentar el 25 de febrero un proyecto de ley que extienda este enfoque a nuevos sectores, incluido el automóvil.

Pero la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA) se mantiene prudente. El lobby teme que unas cuotas de producción nacional compliquen el acceso de las empresas europeas a los mercados mundiales. Una posición que contrasta con la de Volkswagen y Stellantis.

¿Qué estrategia para competir con Asia?

La batalla se juega sobre todo en las baterías. Estos componentes representan el 40 % del coste de un coche eléctrico. Los fabricantes europeos invierten miles de millones para crear una cadena de suministro local, pero se topan con la realidad económica: producir en Europa es caro.

El dilema es simple. Para ofrecer coches eléctricos asequibles, los fabricantes se ven tentados a importar baterías asiáticas más baratas. Pero esta estrategia debilita el ecosistema industrial europeo y refuerza la dependencia tecnológica.

Stellantis y Volkswagen apuestan por un enfoque diferente. En lugar de sufrir la competencia desleal, piden a Bruselas que cree las condiciones para una competencia justa. Su mensaje es claro: Europa debe elegir entre seguir siendo una potencia industrial automovilística o convertirse en un simple mercado de consumo.

La respuesta de la Comisión Europea será observada de cerca. Porque detrás de esta batalla de cifras y regulaciones, se juega el futuro de millones de empleos.


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Thomas Martin

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